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Los bimbaches conocían la actividad agrícola
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Los aborígenes herreños conocían la actividad agrícola, con lo que quedan totalmente descartadas las teorías que relacionan a los bimbaches exclusivamente con la actividad pastoril.

Está afirmación ya se puede escribir con total seguridad en la literatura arqueológica de las Islas tras darse a conocer la existencia de semillas de vid y de cebada entre los restos de la necrópolis de La Lajura.

Una pequeña semilla de vid se ha convertido en la joya más preciada por los científicos que estudian los restos del más de centenar de bimbaches que se encontraron enterrados en esta cueva funeraria del Sur de la Isla de El Hierro.

El carpólogo o arqueobotánico Jacob Morales, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, compareció hoy en Valverde para explicar a los medios de comunicación los pormenores de este importante descubrimiento, en un acto en el que estuvo acompañado por la arqueóloga de la Unidad de Patrimonio del Cabildo de El Hierro, María Teresa Ruíz, y el director del Area de Cultura de la Institución herreña, Cándido Padrón.

Morales explicó que los restos de vid se han datado por Carbono 14 entre el 120 y el 210 dC, entre los primeros estadios de uso de la Cueva, un hecho que rompe con todas las teorías que hasta el momento han intentado explicar el modo de vida de los antiguos habitantes de esta isla (cuya vida se entendió siempre como errante y pastoril) y es la primera vez que se constata científicamente el uso de la vid entre los aborígenes de Canarias. En El Hierro se creía que la vid se había introducido en el siglo XVI por el inglés John Hill.

Ahora, los científicos pueden comenzar a reconstruir un nuevo puzzle que dejaría ver unos aborígenes que viven en comunidad, con uso tanto de la agricultura, la ganadería, la pesca y la recolección. Una sociedad con industria artesanal (se ha descubierto una pequeña pieza en madera), con diferencias de actividades por sexo y con una gran carga de creencias y ritos ligados a un más allá que les lleva a enterrar a sus muertos en lugares "sagrados" y con gran cantidad de ofrendas.

La Lajura arroja, gracias a las nuevas técnicas ligadas al método arqueológico, datos que permiten describir a los hombres bimbaches como robustos, con una media de altura de 1,72 metros, con una esperanza de vida de 30 años, con una predilección en su dieta por la carne, pescado y moluscos y un cúmulo de enfermedades ligadas a las duras labores del campo como la artrosis.

Por su parte, las mujeres tendrían más esperanza de vida (50 años), una altura de 1,56 cm de media, serían más vegetarianas y trabajarían en un entorno más cercano al hogar con labores de recolección (restos de mocanes) y cultivando (vid y cebada). Tendrían más patologías dentales y óseas, entre otras.

NUEVOS ESTUDIOS

La labor de investigación del equipo multidiciplinar que analiza los restos de La Lajura no cesa, aún falta por conocer los resultados del ADN que se le aplicará a los restos de "uñas" encontrados en la excavación, se desconoce por qué aparecen restos de retama blanca y se han encontrado excrementos fósiles de cabras y ovejas con nuevas semillas en su interior. También han aparecido partes diseccionadas de animales colocados en forma de ofrendas (como ocurre en otras islas) que están siendo estudiados por las arqueólogas Verónica Alberto y Carmen Gloria Rodríguez. Se analiza, a su vez, la malecofauna y los cristales de sílice ( este trabajo lo realiza el herreño Martín Machín). Teresa Delgado investiga sus patologías dentales y Emilio González, Matilde Arnay y Xavier Velasco todos los aspectos paleonutricionales y paleopatologías, entre otros.

LA LAJURA

En la excavación arqueológica realizada en Montaña La Lajura, en la zona Sur de El Hierro, los técnicos de la Unidad de Patrimonio del Cabildo de El Hierro encontraron los restos de un centenar de bimbaches y otros tantos "quemados". Con su trabajo se ha podido conocer mejor cuál fue el modo de vida y la forma de entender la muerte entre este pueblo legendario.

La cueva fue utilizada, probablemente, como espacio sepulcral de carácter familiar durante 1400 años, desde el 120 dC hasta la llegada de los conquistadores a las Islas en el siglo XV.

Una vez levantados los restos del centenar de cuerpos encontrados y después de comprobar la existencia de varias capas o estratos incinerados se enviaron varias muestras orgánicas de los estratos más antiguos a Miami para los estudios de Carbono 14.

Esa datación ha demostrado que La Lajura fue utilizada desde el 120 dC, un dato que equipara el poblamiento de El Hierro en tiempo al del resto del Archipiélago, lejos de las primeras tesis científicas que apuntaban que está isla debió poblarse tardíamente. La siguiente fecha arrojada por el Carbono 14 es del 210dC, año en el que la cueva continua usándose como lugar de enterramiento. Se cree que poco antes del último año facilitado por este análisis, el 730dC, los bimbaches decidieron "quemar" la cueva para usarse de nuevo con normalidad (como espacio sepulcral) hasta la Conquista.

Por ello, las primeras tesis apuntan que esta cueva de la isla de El Hierro se usó a modo de panteón familiar a lo largo de generaciones a través de una serie de ritos con diferencias sociales. A unos se les enterró sobre tablones, otros junto a vasijas de madera, otros con punzones y otros sobre tierra y en diferentes posturas.

Las marcas genéticas en los restos encontrados avalan los lazos familiares que unían a estos muertos, entre los que existe un gran número de niños neonatos, dada la baja esperanza de vida y los elevados índices de mortalidad infantil.

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