La Sabina

La Sabina es un arbusto resinoso de hasta 8 metros, de hoja perenne, longero, de profundas raíces y que crece incluso en sustratos rocosos. La corteza es pardo grisácea o pardo rojiza en los brotes jóvenes fácilmente desprendibles. Cuando está en zonas ventosas presenta unas formas retorcidas, tocando en la mayor parte de las veces el suelo. Sus frutos son globosos y carnosos de unos 10 milímetros de diámetro, que llevan de 4 a 10 semillas con una cubierta muy dura que hace díficil la germinación.

El cuervo es la principal ave que favorece la diseminación, de forma que cuando ingiere sus frutos los mezcla con los jugos gástricos de su estómago, disolviendo las resinas que contienen y garantizando una nueva generación de sabinas cuando éstos son defecados.

Este árbol crece en zonas comprendidas entre los 100 y los 650 metros de altitud. Su madera, de gran densidad y resistencia ha formado parte de la actividad doméstica desde tiempos lejanos. Es uno de los ejemplos más significativos de la flora autóctona y aunque existen ejemplares en otras islas, es en El Hierro donde es más abundante formando pequeños bosques abiertos.

Este sufrido y legendario árbol ha pasado a formar parte de la simbología de la isla del meridiano, así como de algunos productos propios como el queso herreño y algunas variedades del vino Viña Frontera.

El árbol deja su huella en el pueblo más occidental que tiene España, Sabinosa, debido a la cercanía del más extenso sabinar de la isla y posible bosque de sabinas antes de la desforestación producida en la zona durante el siglo XVI para construir los asentamientos de la población.

El Sabinar de la Dehesa es el mayor y más espectacular de Canarias, estando catalogado en la actualidad como Espacio Natural Protegido. Otros sabinares importantes con los que cuenta la isla son el de El Julan, Frontera y el ya mencionado de Sabinosa.

Este árbol, al igual que el Árbol Santo del Garoé, es uno de los mayores atractivos turísticos con los que cuenta El Hierro. No en vano, está demostrado estadísticamente, que las zonas donde éstos se encuentran, los sabinares, son uno de los puntos más visitados por quienes llegan a esta isla. Visitantes y turistas quedan asombrados y encantados con el espéctaculo ofrecido por la caprichosa naturaleza, una lucha sin límite y continua por subsistir y sobrevivir en un entorno muy hostil.

De cualquier forma, estos árboles singulares se han ganado el cariño de los herreños y el de sus visitantes, estando presente incluso en la mayoría de los logotipos y anagramas de las empresas herreñas, hecho que ha convertido a la Sabina en todo un símbolo de identidad herreña.

 

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